En España, una de cada tres personas con adicción al juego es mujer, pero apenas una de cada diez se decide a buscar ayuda profesional. “El tabú pesa más sobre ellas, porque la sociedad las juzga con dureza, y esto retrasa el reconocimiento del problema y el acceso a tratamiento”, explica Ángela Ibáñez, psiquiatra y responsable de la Unidad de Ludopatía del Hospital Ramón y Cajal de Madrid.
Mientras los hombres suelen ser percibidos como enfermos, a las mujeres se las tilda de “viciosas”. Esta visión social refuerza etiquetas como “madres irresponsables” o “derrochadoras”, lo que mina su autoestima y alimenta el miedo a ser descubiertas. El resultado: silencio, aislamiento y retraso en la búsqueda de soluciones.

Aumento de la ludopatía online entre mujeres jóvenes con el anonimato de las pantallas
El llamado “efecto telescópico” describe cómo las mujeres, pese a iniciarse más tarde en el juego, desarrollan la adicción con mayor rapidez. Sus preferencias se inclinan hacia modalidades no estratégicas —tragaperras, bingo y loterías—, mientras que las apuestas deportivas y de caballos apenas tienen presencia.
Entre los factores que favorecen la aparición del trastorno destacan la soledad, la baja autoestima, la depresión o el estrés. Estudios recientes identifican además patrones sociodemográficos: mujeres solteras o divorciadas, con ingresos bajos, en barrios percibidos como inseguros y con situaciones laborales inestables.
Aunque representan una minoría en el ámbito digital, las jugadoras online han crecido de manera notable. El informe de la Dirección General de Ordenación del Juego de 2018 reflejaba que sólo un 16,7% de quienes jugaban en internet eran mujeres, pero la cifra aumentaba año tras año.
También preocupa el inicio temprano: cerca de un 36% de la población general encuestada admitió haber jugado antes de los 18 años. Aunque las adolescentes apuestan menos que sus pares masculinos, la tendencia va en aumento. En las consultas médicas, cada vez se registran más mujeres jóvenes con problemas de juego, muchas de ellas en el entorno online.
Diversos estudios coinciden en que las mujeres muestran mayor incomodidad a la hora de acudir a consulta. Sus familias suelen atribuir la falta de dinero o los cambios de comportamiento a las drogas, sin sospechar del juego. Además, la impulsividad, la ansiedad y los acontecimientos vitales estresantes agravan la severidad del trastorno.
En su libro ¡Jugad, jugad, malditos!, los autores Luis Díez y Daniel Díez Carpintero destacan que las mujeres buscan en el juego “un efecto oasis”: una vía de escape frente a las cargas familiares o laborales. Pero los espacios de apuestas, dominados por un ambiente masculino, resultan hostiles para ellas.
Superar este estigma requiere reconocer la ludopatía femenina como enfermedad y no como vicio. La prevención debe empezar en edades tempranas, ya que la población juvenil es la más vulnerable. Lo que hace una década era una advertencia, hoy es una realidad: la adicción al juego entre mujeres existe, crece y sigue siendo invisible para gran parte de la sociedad española.

Reflejo del estigma social que sienten muchas mujeres con ludopatía en España
El fenómeno descrito no es casual: responde al crecimiento del mercado del juego en España, la digitalización de las apuestas y la falta histórica de políticas con perspectiva de género en la prevención de adicciones. A medida que más mujeres se ven afectadas, la presión social y sanitaria obligará al Estado y a la industria del juego a introducir cambios profundos. Entre ellos, campañas de concienciación específicas, mayores controles sobre la publicidad y nuevas regulaciones que contemplen la vulnerabilidad diferenciada de las jugadoras.
En última instancia, estos acontecimientos marcarán un punto de inflexión: la ludopatía dejará de percibirse como un problema exclusivo de hombres y la industria del gambling en España se verá forzada a adaptarse a un escenario donde la igualdad de género también pasa por reconocer, visibilizar y abordar las adicciones femeninas.
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